El encanto del disfraz


Los niños visten sus disfraces desde días antes de la celebración del Halloween hasta semanas después… a veces los usan durante todo el año o en fechas especiales como cumpleaños, para navidad o alguna salida al parque… portan accesorios “de alguien diferente” a ellos: coronas de reinas, capas de Batman, espadas de super héroes, tacones de Barbie o simplemente pañoletas amarradas a la cabeza, sombreros, collares y hasta gafas de sol. Y las mamás o papás tienen que hacer peripecias para lavar las prendas cuando logran quitárselas para dormir, lavarlas y tenerlas secas para el nuevo día que llega !!!


La verdad es que el encanto y la necesidad de disfrazarse o pretender ser otra persona o un animal, super héroe o muñeco de moda – conducta típica de los niños pequeños – les permite hacer realidad algunos de sus mas anhelados sueños. Este nuevo deseo, de convertirse en otro, tiene que ver particularmente con el momento en que comienzan a interactuar con otras personas y otros ambientes diferentes al de la familia inmediata o al hogar, involucrándose más y más con el mundo real, el mundo que aún les es difícil entender y dominar.


Uno de los sueños que se cumplen al imitar al adulto es el de “estar en control”, el poder tomar decisiones y hacer lo que ellos creen que es de grandes los llena de alegría. Pensemos no mas en el niño temeroso de ir al Doctor, quién al disfrazarse de médico y ahora ser el quien “pone las inyecciones” experimenta lo que es estar “en control” y atenuar sus miedos. O el que se aterra con monstruos y que comienza a dejar atrás esos miedos porque él se ha convertido en uno de ellos gracias al disfraz.


La necesidad de poder que sienten las niñas y los niños es muy fuerte, dicen los expertos en desarrollo infantil que la etapa del disfraz coincide con el momento de desarrollo en el que el niño experimenta momentos de indefensión, debilidad y temor y una de las formas para lograr superar poco a poco estas emociones es la de asumir el papel a aquellas personas o animales que consideran “poderosos”, “protectores” o "valientes", infinitas personalidades que los hacen sentir que son capaces de grandes cosas. Con la ayuda del disfraz literalmente se “meten en los zapatos del otro”, creando para si oportunidades que le permiten asumir estas propiedades, para lo cual las prendas y accesorios, las voces que hacen y la repetición exacta de los diálogos o palabras características del personaje, son absolutamente indispensables.


Cuando un pequeño se disfraza entra en el mundo protegido de la fantasía, sonde puede explorar y sortear con tranquilidad las posibilidades e imposibilidades de su mundo, hasta lograr “controlarlo” y entenderlo, reduciendo a pequeños dramas o episodios controlables, aquellos eventos y emociones que le son difíciles de entender.


Por eso, para los niños pequeños disfrazarse es una de las actividades cotidianas mas satisfactorias, para lograr cumplir sus “sueños” y aprender de ellos. Aprovechemos para dejarlos SER, no obligándolos a ponerse disfraces que no quieren, solo porque son del gusto de los adultos. Dejarlos disfrazar cuando lo deseen y protegerlos de comentarios descalificadores que los haga sentir que esta mal disfrazarse. Todo esto teniendo siempre presente su seguridad. Permitamos, en la medida de lo posible, que los niños disfruten de su disfraz favorito hasta que el ENCANTO DEL DISFRAZ cumpla con su cometido y esta linda etapa vaya desapareciendo con el tiempo.


Tomado y adaptado de: Notas de crianza. Marisa Uribe.

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