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El castigo y la manera negativa de relacionarse con los hijos pueden convertirse en un hábito y crear un círculo vicioso de represión y resistencia.

En esos casos, mientras más castigan y reprimen los padres, más se rebelan los hijos, y así se crea en las familias un ambiente malsano de agresión y de violencia. Cuando eso ocurre, las interacciones sanas y positivas entre padres e hijos pueden desaparecer por completo, y estos últimos llegan a pensar que la única manera de relacionarse con sus padres es a través del mal trato y el mal comportamiento.

Por esta razón, el primer paso para cambiar el comportamiento negativo por un comportamiento positivo consiste en cambiar los hábitos negativos de interacción por hábitos positivos. Este cambio es indispensable para que los hijos descubran la posibilidad de sentir el aprecio y el afecto de sus padres.

No se pueden confundir el reconocimiento y la alabanza, porque son muy diferentes:

El reconocimiento se refiere únicamente a lo que el hijo ha hecho, motiva a actuar bien por la satisfacción personal; en cambio la  la alabanza se refiere a lo que el niño es, induce a actuar únicamente por el juicio de los demás.

Maneras de reconocer:

  • Una mirada de cariño y complacencia

  • Una nota positiva encima de la almohada

  • Una nota con una carita feliz en el espejo

  • Un gesto de aprobación con las manos

  • Un “gracias” y una palmada en la espalda

  • Un servicio sorpresa: "Hoy te recogí la ropa porque anoche te quedaste hasta tarde ayudándome a arreglar la cocina"

Tomado del "Taller de Habilidades Parentales"

Publicado por la Fundación Carvajal y el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar

Autores: María Eugenia Carvajal de Guerrero y María Lucia Cabal de Posada.

ISBN 958-9224-70-9

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